Este año hemos vuelto a lanzar una actividad de club en montaña de altura.
Hemos elegido el Ararat, mítico monte bañado por las leyendas bíblicas al ser el lugar donde parece ser, que encalló el Arca de Noé.

Así que con esos mitos nos fuimos un grupo de 12 «adebanes» con ganas de disfrutar de unas vacaciones de altura.
El viaje prometía desde el inicio ya que, a la actividad montañera, se unían unos días de turismo en la ciudad más bella de la ruta de la seda, Estambul, lo cual nos tenía entusiasmadas a partes iguales.
En cuanto a la montaña, la cosa fue estupendamente desde el inicio, cual reloj suizo, y eso que estábamos en Turquía, lo cual deja constancia de la profesionalidad de las personas en cuyas manos pusimos el proyecto.
A los pies de la montaña
Tal y como teníamos planteado en el programa , llegamos a la ciudad desde la que partía la expedición el 18 de julio bien pronto por la mañana. Desde allí teníamos una hora más de viaje en coche- furgoneta hasta Dogubayazid.

Allí nos instalaron en un hotel bastante correcto, muy cómodo y limpio y con buen desayuno. Por la tarde nos dimos una vuelta por la población, dándonos un paseo con los locales y tomando un primer contacto con el país y sus costumbres gastronómicas, léase, pastelitos turcos, yogures y fruta.
A la mañana siguiente sobre 9,30 salía nuestra furgo derecha hasta el punto desde el que empezaríamos a caminar, una media hora más de trayecto en coche por pista que ascendía suavemente hasta los 2.400 metros del monte Ararat.

Allí nos esperaban los guías y las mulas en las que se colocaron nuestros petates y nosotros salimos andando hacia el Campo Base (CB).
Justo al llegar a ese punto, nos cruzamos con algunos trekkers extranjeros que nos quisieron dar los trucos del éxito para alcanzar la cumbre de esta montaña: «Drink, eat and no sex».
LLegamos al campo base
Cuando llegamos al campo base a 3200 msnm, nos recibieron con un aperitivo de fruta, chucherías y galletas limpiamente presentado. Estábamos encantadas.
Después elegimos tiendas, que resultaron espaciosas y cómodas para tod@s, con una acogedora alfombra sobre la que descansaban unos colchones de campamento con cierto confort.

Parte del grupo con los guías Hussein y Yuma. Se unieron al equipo también Oriol y Carla
Esa tarde aún quisimos subir un poco más, hasta 3500 metros para después descender a dormir a una altitud inferior y así comenzar nuestra mejor aclimatación al medio.

Por la noche cena, baile y estiramientos de yoga, estaba claro que la motivación no escaseaba en el grupo.
Día de aclimatación
A la mañana siguiente teníamos el día de aclimatación de verdad. Ascendíamos hasta los 4200 metros, 1000 metros de desnivel, punto desde donde veríamos el campo de altura o campo 2 y bajaríamos nuevamente hasta el CB a dormir.

El grupo asimilaba estupendamente la altura y todos estábamos bastante bien, aunque a la tarde algún dolor de cabeza se manifestaba y también comenzaron las descomposiciones intestinales propias de la altura o bien del cambio de alimentación. Hay que tener mucho cuidado con el agua y, aunque era toda embotellada, ya sabemos que también es prudente que lo que se come esté hervido, cocido o pelado y alguna vez las ricas ensaladas de pepino que nos preparaban nos hacían olvidar este principio básico.
Al día siguiente al de aclimatación y sin esperar, ascendíamos nuevamente hasta el campo de altura pero esta vez para dormir y al día siguiente salir hacia la cima.
Hay que reconocer que estábamos con muchas ganas pero con la típica preocupación «¿seremos capaces?». Entre todos nos comentábamos lo que íbamos a llevar puesto, lo que descartábamos, valorábamos si sería suficiente para afrontar la lluvia en el caso de que se retrasara respecto del horario de predicción, para pelear con unos vientos gélidos que se predecían por la noche… ¿Estaríamos finos a las 11,30 de la noche, hora en la que íbamos a comenzar a vestirnos para la faena?
Tarde en el campo de altura
Esa tarde en el campo de altura fue increíble, encaramados a la ladera del Ararat, veíamos el valle a nuestros pies, las lenguas de lava que descienden hasta el llano, las lejanas carreteras que discurren entre las poblaciones que rodean esta montaña o las luces de las primeras ciudades de Irán, a escasos Kilómetros desde donde estábamos.
Tras una «corta» noche y un buen desayuno a la luz de los frontales, salimos para cima. En la noche la benjamina del grupo nos animaba «¡venga papis, que vamos al 5000!»; los demás manteníamos un denso silencio.
Tras una ascensión constante muy vertical donde hicimos tres descansos de ajuste de ropa y comer algo, llegamos a la parte del glaciar. Para esas horas habíamos tenido que soportar fuertes vientos pero allí arriba aún soplaba más loco.
Pusimos crampones y solo quedaban los últimos 400 metros. El hielo estaba descarnado en la parte del collado que daba acceso al último tramo al pico. No llevábamos piolet, solo bastones que casi se los llevaba el viento. Apretamos los dientes y para arriba.
Es el momento del amanecer y la cima nos regaló sus mejores luces. La sombra a su vez se proyectaba sobre la oscuridad del valle.
22 de julio de 2025, cumbre
Cuando nos vimos todos allí arriba contemplando esa belleza fue como una explosión de alegría. Nos abrazamos y compartimos con los guías Hussein y Yuma el que todos estuviéramos bien y hubiéramos logrado el superar la dificultad del camino y de la altitud.
Algunos incluso lloraron, otros permanecían atónitos ante el hecho de estar a una altura que jamás habían ascendido. La felicidad cundió en el grupo. Como siempre dedicamos nuestro reto al club y eso que el viento no nos dejó ni un minuto de azotar en todas direcciones.

Poco tiempo nos dio de comprobar si había restos del famoso Arca, pero nos quedó claro que de haber encallado en alguna parte, tuvo que ser en este montañón.
La bajada, con el ánimo más relajado y la satisfacción del éxito se nos hizo de lo más fácil, aunque unas cuantas «vomiteras», también tuvimos fruto del esfuerzo y de que el estómago se queda para pocas fiestas después de un esfuerzo así.

Una vez en el campo de altura, celebración, griterío, un te caliente y a dormir un poco que todavía son las 7,30 de la mañana y tenemos todo el día por delante.
Sobre las 12 de medio día nos pusimos nuevamente en marcha para descender al campo base a donde llegamos a la hora del té, o sea a la hora que sea, y pudimos disfrutar de lo a gusto que estábamos allí donde considerábamos que ya teníamos una nueva familia .

Campo Base. Acuarela Autora: Belén Barbero
Al día siguiente bajamos lo que nos quedaba hasta las furgonetas dando un agradable paseo de despedida en donde aprovechamos para recoger papeles y basura que llenó hasta dos bolsas!¡Somos eco-montañeras!
Cuando nos vimos en la furgo llenos de polvo pero hasta arriba de satisfacción, nos extrañamos de que todo estuviera a punto de terminar. Sin embargo comenzaba otra aventura, Estambul esperaba a las Pitxurrinas (apodo que nos ganamos subiendo por los caminos del Ararat).
LOS DATOS
- Participación: 8 mujeres y 4 varones
- Altitud mínima: 2400 msnm
- Altitud máxima: 5173 msnm
- Días en la expedición: 5 días
- fechas: del 18 al 23 de julio de 2025
Astrid García, participante y coordinadora de la actividad



Precioso y hemotivo relato de esta magnífica expedición Adebanas.
FELICIDADES