La primera vez que fuiste de primera en una cascada de hielo, allá lejos, en el valle de Aosta.

La primera vez que te diste cuenta de que no eras la sombra de nadie.

La primera vez que tu hijo te hizo una foto en la cima de un monte (no hizo falta que te dijera que sonrieras).

La primera vez que sujetaste la bandera de ADEBÁN para compartirla con nosotras.

La primera vez que fuiste con amigas a hacer esa travesía de varios días que tenías en la cabeza desde hacía tiempo.

La primera vez que estrenaste tu título de guía profesional y ayudaste a la gente a conseguir sus sueños.

La primera vez que dormiste en el refugio Margarita, lejos de casa, pero muy cerca de las nubes.

La primera vez que fuiste con tus hijas al Monte Whitney y disfrutasteis juntas de las curvas de los valles, cogiendo fuerza para las curvas de la vida.

La primera vez que te subiste a una bici y aguantaste cinco segundos antes de caerte.

La primera vez que fuiste con tu niña al monte, armada de chucherías e historias increíbles sobre osos y árboles.

La primera vez que fuiste a Alpes y todo fue Rosa.

La primera vez que metiste un friend y te diste cuenta de que no iba a ser tan fácil, pero también de que no iba a ser el último.

La primera vez que competiste encima de unos esquís y el mundo fue tuyo.

La primera vez que subiste al Breithorm, compartiendo cima con tus hijos y tu marido.

Gracias, chicas, por compartir esas primeras veces con nosotras, gracias, por demostrarnos que cualquier día puede ser 8M.

Astrid García y María Villar.

 

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